Todos le hemos temido a la soledad en algún momento y más cuando llega y uno no la espera: esa sensación de mirada perdida, de un no saber donde mirar, no saber donde poner las manos o en que ocuparlas (yo muerdo mis dedos, mientras siento que tengo 8 años), la idea de no saber a donde van tus pasos y la angustia de que el tiempo pasa más lento.
Todos le hemos temido y lo hemos vivido, pero cuando estamos en grupo miramos con desdén a quien camina sólo o está sentado en la mesa de al lado sin pronunciar palabra, nos sentimos intocables, se nos olvida.
Algún día me obligaré a recordarlo y no volveré a mirar a los ojos de la soledad como si fuera una desgracia, porque ya nos contentamos, ya no le tengo miedo, incluso la quiero y hoy día resulta, que ya somos amigas.
(Imagen: Robert Demachy: Three Trees in a Snowy Landscape)

